PAZ



ORACIÓN FRANCISCANA POR LA PAZ


 
La Familia Franciscana conmemoramos hoy el histórico Encuentro Interreligioso de Oración por la Paz que, bajo el nombre de El Espíritu de Asís, fue convocado por el papa Juan Pablo II en la ciudad de Asís el 27 de octubre de 1986.
Es esta una convocatoria que después de veinte y cinco años nos urge a todos a elevar nuestras súplicas al Padre ante una actitud tan necesaria para el hombre y nuestro mundo: Padre, danos la Paz.
Los hermanos de san Francisco, en todas las ramas de la Familia Franciscana, queremos difundir este Espíritu, nacido en el corazón del santo de la paz, a fin de que “la luz de Asís nos ilumine siempre a nosotros y a todos los hombres, para que prenda en todos la llama del amor y promueva la comunión en todas las criaturas de la creación”.
Estamos convencidos que es el Espíritu Santo el que nos ha congregado como hijos que somos de un mismo Padre, para exclamar: ¡Abba, Padre! En la casa de oración, que es la Iglesia, nos reunimos los hermanos de una misma familia para hablar con nuestro Padre Dios.
El ser humano ha sido creado para relacionarse con los demás, para convivir haciendo el bien, para amar a sus semejantes y hacer que cada día surjan en él actitudes nobles que inviten a serenar el interior, a vaciarse de cuanto pueda separarnos los unos de los otros, y a llenarnos de todo aquello que nos haga ser verdaderas criaturas de paz.

Los hombres no queremos ni estamos de acuerdo con el mal y sus consecuencias. Los hombres debemos anhelar que haya una dignidad igual para todos. Los hombres tenemos que buscar una misma justicia que beneficie a todos sin distinción de cultura, de razas, de religión. Los hombres han de aspirar a revestirse de sentimientos de paz que nos lleven a todos a vivir en armonía y felicidad.
Para ello necesitamos un poco o un mucho de tolerancia con nosotros mismos para poder usar de la tolerancia con los demás.
Para ello necesitamos un poco o un mucho de paciencia con nosotros mismos y así estar en buena disposición ante los demás.
Para ello necesitamos de momentos para escuchar y dialogar, para reflexionar y madurar, para llorar las cosas tristes de la vida y programar proyectos que animen a la esperanza.
Para ello necesitamos hacer silencio en nuestro interior y vaciarnos de los ruidos que nos atormentan y desalientan. Ahora estamos en ese momento, en el que cada uno debemos sentirnos solos y con nosotros mismos; con Dios y frente a Jesús, con nuestras pobres cosas y con la fuerza del Espíritu.
Ahora es tiempo de oración, de encuentro con el Señor, para serenar nuestra persona, fortalecernos en él, abandonarnos y dejar que ponga en nosotros sentimientos de amor. Mañana será el tiempo de las obras, del esfuerzo y de la misión; mañana será el momento de dar testimonio, de iluminar las tinieblas y pacificar nuestro mundo.


* Adoramoste.

* Exposición del Santísimo

Señor Jesús que dijiste a tus apóstoles: ´La paz os dejo mi paz os doy´, aleja de nuestro mundo toda forma de violencia y de guerra, para que todos los hombres y mujeres de todos los pueblos vivan en paz, como hermanos.

Danos la paz, Señor, la paz de espíritu, la paz entre nosotros, la paz entre los pueblos y naciones”.


* Música (Classic Digital nº 1)

* Breve silencio

REFLEXIÓN

¿Por qué el hombre es violento? ¿Por qué saca de sí mismo el mal que no quiere? ¿Por qué se guarda para sí el bien que desea?
La sociedad ha hecho al hombre competitivo. El mundo ha dispuesto que el hombre sea tirano. El hombre quiere hacerse para sí una nueva creación muy distante de aquella que salió de las manos de Dios. Y en esta creación el hombre quiere ser su Dios.
Y consciente de sus sueños, el hombre crea para sí una escala de valores. Desde ahí, el hombre imagina que es un ser más importante y cree falsamente que es un ser más feliz.
En esta escala de valores se presentan con relevancia:
- La necesidad de medirse frente a otro ser semejante a él.
- La ansiedad por sobresalir a cualquier precio.
- La agresividad que provoca al no aceptar su limitación.
- La inseguridad que aparece cuando el hombre no se auto valora.
- El miedo que se produce ante la falta de unas actitudes básicas.
- La tensión que se vive cuando no se alcanza los que otros tienen.
- La desilusión que siente por no ser igual que otros.
- La indiferencia a no querer alcanzar las virtudes que otros desarrollan.
- La angustia vital cuando el hombre está vacío de Dios.

- La ingratitud que se expresa cuando el hombre no reconoce el bien que hacen otros.
Cuando falta el amor, la fuerza del corazón de los débiles es la violencia. El hombre se hace esclavo de sí mismo y lucha ante la necesidad de esclavizar a un semejante.
Cuando se descubre la bondad y el amor se hace presente, el hombre se hace fuerte en su corazón.



LECTURA EVANGÉLICA

Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para ponerla debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los de la casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifique a vuestro Padre que está en los cielos”


*Música (Classic Digital nº 11)

* Silencio







Dicen que no se puede dar la paz si antes no surge el amor. Pero este pensamiento puede quedarse en el aire si no logramos afinar mucho más sus palabras y su profundidad.
Es cierto que en la vida y en el hombre todo pasa por ser un acto de amor de Dios. Un amor dentro de la gran obra de Dios. Y en ella, cualquier pieza, por muy insignificante que sea, debe de hacer juego con el amor.

Jesús resucitado se aparece a sus discípulos y no les regala una vida más larga, ni una muerte dulce; no los premia con la sabiduría que les haga ser más sabios, ni con un poder con el que crean estar por encima de los demás, ni con grandes virtudes para que parezcan ser mejores que los demás. Jesús sólo les da el Espíritu Santo para que trabaje en ellos, y sean ellos los que produzcan frutos si se saben aprovechar bien de sus dones. Jesús les da también la paz, no sólo para que viva en ellos sino para que ellos hagan que la paz puedan vivirla otros hombres.
Dicen que no se puede dar la paz si antes no surge el amor. Creo que tendríamos que pensar en una frase no menos importante, pero sobre todo, más real y con una implicación más profunda: Sólo si brota el perdón se puede dar la paz.
El perdón surge de nuestro interior más profundo.
El primer perdón lo necesita la propia persona como bálsamo medicinal de todo aquello que ha llevado a una falta de paz.
El perdón se necesita para saber mirar con los ojos del sentimiento y de las buenas actitudes que pueden estar escondidas, y de esa manera salir al encuentro de alguien que necesita de ti.
El perdón es necesario porque es la base para sustentarse la justicia. Sólo así la justicia podrá mirar a su alrededor con ojos de prudencia, con respeto y dignidad.
El perdón se hace justo y necesario cuando a partir de él se quiere volver a escribir un nuevo trazado de la historia de la persona, de los hombres, de su mundo. Será el comienzo para proyectar un programa de acción que apueste por la vida humana.
El perdón es el fruto que los hombres debemos dar si sabemos aprovechar los dones del Espíritu Santo que derrama el amor de Dios.

* Música (Flauta de Pan nº 9)





SALMO PARA RECITAR DESPACIO

A. Dichoso cuando el corazón elige ser pobre,
sin haciendas, sin saberes, sin orgullos
hechos muro y fronteras separadas.
Les has dicho que tu Padre será su Rey
con su reinado de amor. Dios su riqueza; y eso les basta.

B. Dichosos los que sufren, has dicho,
y el corazón dolorido ha sangrado gotas de agua,
como tu costado abierto en la cruz al golpe seco de lanza.

A. Dichosos porque tu amor está cercano del que sufre, grita o calla.
Tú eres consuelo de samaritano en camino
cabalgando con las heridas de quien, caído,
nadie se acerca y todos pasan.

B. Dichosos los no violentos, los que llevan la paz y la cantan,
los que abren al mundo los brazos, los que ríen y aguardan
que las cosas sigan creciendo, y la fe en Dios vaya posando
en el fondo de la tierra, adentro, más allá del alma,
en las obras de los buenos hombres,
en el interior de los hombres malos.

A. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia.
Dichosos porque el hambre es camino y hace peregrino
al hombre en su dura y áspera marcha.
Tu palabra es agua y pan que sacia.

B. Dichosos los que prestan y ayudan, los que saben compartir;
aquellos que no se arrepienten de dar “sí” con el alma.
Dichosos los que saben dar lo que de balde les dieron

y sus manos no guardan sino el calor del que da sin medida,
del que da y se da porque cree y ama.

A. Dichosos los limpios de corazón, los que la luz se hace en ellos.
Los que saben dar bien y paz.
Dichosos los sencillos, los humildes y abiertos,
los que tienen corazón de niño y miran con ojos sin mancha.
Libres de lo que ciega al hombre y le encierra en la tiniebla,
y le vuelve duro e impermeable a la Palabra y a los hombres.

B. Dichosos los que trabajan por la paz, y hacen de la vida oasis,
encuentro, alegría, fraternidad; clima de aire fresco.
Dichosos los que son mansos y serenos, que miran al otro
sin doblez, sin malicia, con agrado, con franqueza;
y en sus manos siempre alargadas y en su escucha sin prisas,
siempre hay una palabra que habla desde un corazón sincero

A. A esos, Señor, tu Padre, les va a llamar hijos suyos. Hijos,
porque la paz la has dicho al mundo en la noche de tu cruz
y en el rayar del día primero cuando el mundo comenzaba
de nuevo.

B. Dichosos los que viven perseguidos por ser fieles a la Buena Nueva.
Dichosos los que no se venden al precio de unas monedas,
los que saben llegar hasta el fin de la obra comenzada.

A. Dichosos los perseguidos, los que molestan con la luz de su vida,
los que denuncian con la fuerza de tu Espíritu,
los que tienen que gritar y gritan y nunca callan.
Sé de verdad que tu Padre será su Rey,
y su Reinado la libertad que la opresión amordaza.

B. Dichosos cuando os insulten, cuando os persigan con rabia,
cuando digan mentira de la verdad, y todo por mi causa,
cuando hagan calumnias y voceen palabras falsas.
Estad alegres y contentos, pedid por ellos y por vosotros;
¡hacedlo!; sí, ¡hacedlo!, pedídselo a vuestro Padre,
que Dios será vuestro gozo, y os hará recompensa larga.
Dios hará justicia, pero con misericordia;
para no pagar con la misma moneda, sino volver la mejilla,
y poner paz en donde ha crecido la guerra.

A. Vosotros que sois la sal no perdáis el sabor, que entonces
la tierra se vuelve sosa y no sirve para nada.
Vosotros que sois la luz no la ocultéis, situadla en lo alto,
en la cima o en el centro y que alumbre a todos los de casa.

B. Dichosos, seréis, amigos, si decís al mundo que cree en otras
bienaventuranzas” que mi Palabra se cumple y es Palabra
de vida, y el que permanece en ella y la guarda
será dichoso de mi Reino,
que ya ha comenzado en el corazón del hombre
abierto a mis Bienaventuranzas.





HABLARLE A DIOS Grieg Peer Gynt nº 2


¡Escúchame, Señor! ¡Oye mi grito! ¡Escucha!...
Este corazón del hombre con barreras de dominio.
Este corazón inquieto que dice a cada paso “esto es mío”;
¿por qué, Señor? ¿por qué?
Este corazón siempre en lucha, aunque endeble y de barro.
Este corazón violento, que parece piedra, y muere de calor y de
frío; ¡hasta cuándo, Señor! ¿hasta cuándo!.
Señor, el mundo está en llamas, y es guerra y es blanco de tiros;
siempre hay un hermano sangrando, y junto a él
un hombre que ríe de orgullo humano.
Señor, tú sabes que la violencia es la fuerza
del corazón del hombre dolorido;
del grito del hombre en la noche sola, silenciosa y oscura.
¡Dichoso!. Sí, ¡dichoso el hombre que es bueno!,
y hace del hermano su amigo; y al amigo, su fiel hermano.
¡Dichoso!. Sí, ¡dichoso el hombre que deja la paz y el bien
como signo!,
de tu bondad y de tu belleza; de tu verdad y de tu ternura;
de lo sencillo y de tu amor, porque tu amor es simplemente
sencillo... AMOR

* Padrenuestro

* Bendición con el Santísimo
* Gesto de la paz