TIERRA SANTA

Historia de la Custodia de Tierra Santa 

Fuente.:http://www.fmc-terrasanta.org/es/custodia-de-tierra-santa.html

                                  El vínculo de los franciscanos con Tierra Santa tiene
                                  raíces antiquísimas y llenas de significado especial.
El mismo San Francisco en 1219, para llegar a Egipto, desembarcó en San Juan de Acre, pensando poder llegar después hasta Jerusalén. No lo consiguió, pero sentó las bases de la presencia franciscana que se reveló después tan providencial, legando a sus hijos una sensibilidad especial para con los lugares donde Cristo pasó su vida terrenal.

Ya en el Capítulo General de la Orden, celebrado en la Porciúncula en Asís en 1217, se instituyó la Provincia de Tierra Santa, que inicialmente comprendía todos los países de la cuenca oriental del Mediterráneo, desde Grecia hasta Egipto.

En 1291 la ciudad de San Juan de Acre, última fortaleza cruzada en Tierra Santa, cayó en manos musulmanas. Sin embargo los franciscanos, que se refugiaron en Chipre, sede de la Provincia de Oriente, continuaron planificando y llevando a cabo toda forma posible de apostolado en Jerusalén y en otras zonas de los santuarios palestinos. Está documentada —incluso entre los muchos obstáculos y dificultades— su presencia en el Santo Sepulcro entre 1322 y 1327, por voluntad especial del entonces pontífice Juan XXII.

Después de este periodo de incertidumbre, asistimos al retorno definitivo de los Frailes Menores a Tierra Santa, con la posesión legal de determinados santuarios y el derecho de uso por parte de otros. El resultado se debe a los reyes de Nápoles, Roberto de Anjou y Sancha de Mallorca. De hecho, en 1333 los soberanos, por mediación del fraile Rogelio Garini, obtuvieron del Sultán de Egipto el Cenáculo y el derecho de oficiar celebraciones en el Sepulcro. Desde entonces se determinó que fueran los Frailes Menores los que ejercieran tales derechos en nombre y a expensas de la Cristiandad.
En 1342 el Papa Clemente VI, con la bula Gratias Agimus e Nuper Carissimae, aprobó la donación de los reyes de Nápoles y dio normas para la disposición de la nueva entidad, la Custodia de Tierra Santa.
Este 1342 fue decisivo para el desarrollo de la iglesia local, hasta el punto de hacer posible la restauración del Patriarcado Latino en 1847, que desde entonces colabora con espíritu de fraterna comunión con la Custodia.

Cabe señalar que la sede de la Custodia de Tierra Santa fue el convento del Monte Sión junto al Cenáculo hasta el 1551, año en el que los frailes fueron expulsados por los turcos. Desde 1560 hasta hoy, la sede de la Custodia se encuentra en el convento de San Salvador, siempre en Jerusalén.
En el siglo XVI, la llegada a Tierra Santa de los griegos, apoyados por los sultanes, dio lugar a la dramática “cuestión de los Santos Lugares”, que envolvió a los franciscanos en una continua defensa por la posesión de los lugares santos. Un periodo de turbulencias que acabó el 8 de febrero de 1852, cuando un edicto emitido por el Imperio Otomano promulgó el “Status Quo Nunc”, que regula, hasta el día de hoy, la propiedad y derechos de las diferentes comunidades cristianas.Si por un lado se intenta conservar la propiedad de los Santos Lugares, por el otro los frailes se dedican a la reconstrucción parcial o total de los santuarios, a través de la adquisición de lugares de antiguas ruinas cristianas, y de un intensa actividad constructora. A los 650 años de la bula de Clemente VI, el Papa Juan Pablo II, el 30 de noviembre de 1992, dirigió una carta autógrafa al ministro general de la Orden de Frailes Menores, recordando el acontecimiento de la encomienda de los Santos Lugares a la Orden, vocación primaria de la Custodia, que se ha realizado siempre a través de la acogida de los peregrinos.

Los frailes, por tanto, son custodios de Tierra Santa por voluntad y mandato de la Iglesia universal, un concepto recordad también por Pablo VI, primer Papa peregrino a estos lugares. La valiosa aportación de la Custodia de Tierra Santa fue destacada también por el Papa Benedicto XVI en su peregrinación en 2009: el Santo Padre agradeció calurosamente a los frailes por su presencia secular en estos lugares santos.

Actualmente la Custodia trabaja en Israel, Palestina, Jordania, Siria, Líbano, Egipto y en la isla de Chipre y Rodas. Trabajan en ella unos 300 religiosos. Los Franciscanos prestan su servicio sobre todo en los principales Santuarios de la Redención, especialmente en el Santo Sepulcro, en la Natividad de Belén y en la Iglesia de la Anunciación en Nazaret.

Aquí el lenguaje de la oración y la animación litúrgica representan, desde hace siglos, una dimensión fundamental del servicio de la Custodia, cuyo ministerio se expresa también a través de actividades pastorales y diferentes obras de carácter social y educativo, como los colegios, que actualmente acogen a unos 10 mil jóvenes sin distinción alguna de religión, nacionalidad o raza.

“Custodiar significa en primer lugar amar, cuidar, preocuparse”. Con estas palabras Pierbattista Pizzaballa definió el significado de la presencia franciscana en Tierra Santa, en el corazón de la vida de la Iglesia y del Mundo.