jueves, 7 de febrero de 2013

MOTIVACION





La unidad de las criaturas.

En la creación Francisco hizo aparentemente una experiencia básica que nunca lo abandonó: El mundo es un todo, una unidad, un orden inmenso, que no puede ser construido sobre bases jerárquicas, sino que está determinado por el estar uno junto al otro.

La colectividad, en la cual todos los seres son criaturas de Dios, era para él más importante que el diferenciar entre hombre, animal, planta y materia
inanimada.

En los relatos tempranos siempre se enfatiza acerca de cómo Francisco llamaba a todas las cosas “hermano” y “hermana”, de cómo hablaba con el fuego para pedir favores, de cómo incitaba a las flores,viñedos y toda criatura a alabar a Dios y a escucharlo; de cómo hablaba con todas las criaturas como si fueran personas que lo entienden todo.

Del otro lado sucedía lo mismo: El sol alumbraba los ojos de San
Francisco, los pájaros lo escuchaban, los grillos le hacían compañía, la alondra le indicaba el tiempo para la oración, el cordero le recordaba la misa, las flores lo consolaban, y todas las cosas le decían: “Dios me hizo por ti, querido hombre”, o: “El que nos creó es el mejor!”

Sus compañeros de vida resumen: “No nos debe asombrar que el fuego y las demás criaturas se mostraran algunas veces atentas con él.

Pues, como pudimos comprobarlo nosotros que estuvimos con él, con tan gran sentimiento de caridad las amaba y veneraba y de tal manera gozaba con ellas y con tanto cariño y simpatía las quería, que se turbaba cuando alguien no las trataba con delicadeza.

Les hablaba con gran alegría interior y exterior, como si ellas tuvieran conocimiento de Dios, como si entendieran y hablaran. Con frecuencia, en esos coloquios quedaba arrebatado en la contemplación de Dios.” (LP 86).

Entre el hombre y la naturaleza, existe entonces una relación “humana”. El plano del encuentro de todo lo que es y el plano de la colectividad de todas esas criaturas es para Francisco, un plano humano, no un plano subhumano, no una unidad con la naturaleza “dionisíaca”, (denominado así
por el dios griego “Dionisos”, el dios del vino y de la embriaguez), es decir con la naturaleza embriagadora, en donde el hombre pierde su identidad.
                                                                          CCFMC, Lección 12, C 2.2