jueves, 4 de octubre de 2012

SAN FRANCISCO DE ASÍS

DÍA 4 DE OCTUBRE

. Véase más abajo los textos de la Misa y Oficio de San Francisco.
SAN FRANCISCO DE ASÍS. Nació en Asís (Italia) hacia 1182, hijo de un rico mercader de telas. De joven ayudó a su padre en el comercio y fue el rey de la juventud. Participó en la guerra de su ciudad contra Perusa; la cárcel que sufrió y la enfermedad que contrajo le iniciaron en un nuevo camino, por el que Dios lo fue conduciendo hasta su plena conversión. Renunció a su herencia, abrazó la vida evangélica, se desposó con Dama Pobreza, atendió a pobres y a leprosos. Se le unieron compañeros con los que se presentó al Papa: Inocencio III aprobó su forma de vida, que consistía en seguir las huellas de Cristo que adora al Padre, ama todo y a todos, predica incansablemente la penitencia y conversión. Junto con santa Clara fundó la Segunda Orden, la de las Clarisas, y a los seglares les dio directrices para vivir el Evangelio en su estado y condición, la Tercera Orden. En 1223, Honorio III aprobó su Regla definitiva. En septiembre de 1224, sobre el monte Alverna, las Llagas de Cristo quedaron impresas en el cuerpo de Francisco, quien murió en la Porciúncula al atardecer del 3 de octubre de 1226. Gregorio IX lo canonizó en Asís el 16 de julio de 1228.- Oración: Dios todopoderoso, que otorgaste a nuestro Padre san Francisco la gracia de asemejarse a Cristo por la humildad y la pobreza, concédenos caminar tras sus huellas, para que podamos seguir a tu Hijo y entregarnos a ti con amor jubiloso. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
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PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN
Pensamiento bíblico:
Así dice el Señor: «El cielo es mi trono, y la tierra, el estrado de mis pies: ¿Qué templo podréis construirme o qué lugar para mi descanso? Todo esto lo hicieron mis manos, todo es mío -oráculo del Señor-. En ése pondré mis ojos: en el humilde y el abatido que se estremece ante mis palabras» (Is 66,1-2).
Pensamiento franciscano:
Omnipotente, altísimo, bondadoso Señor,
tuyas son la alabanza, la gloria y el honor;
tan sólo tú eres digno de toda bendición,
y nunca es digno el hombre de hacer de ti mención.
Loado seas por toda criatura, mi Señor...
Servidle con ternura y humilde corazón.
Agradeced sus dones, cantad su creación.
Las criaturas todas, load a mi Señor (Cánt 1-3.14).
Orar con la Iglesia:
Al celebrar la memoria de San Francisco, que dejó la herencia paterna para tener sólo a Dios por padre y a sus hijos por hermanos, imploremos desde nuestra pobreza la misericordia y la bondad de Dios nuestro Padre.
- Para que los cristianos seamos instrumentos de su paz.
- Para que donde haya odio, pongamos amor; donde haya ofensa, perdón, y donde haya discordia, unión.
- Para que donde haya error pongamos verdad; donde haya duda, fe; donde haya desesperanza, esperanza.
- Para que donde haya tinieblas pongamos luz; donde haya tristeza, alegría.
- Para que no busquenos tanto ser consolado como consolar; ser comprendidos, como comprender; ser amados, como amar.
Oración: Escucha nuestras súplicas, Dios Padre todopoderoso, y concédenos sentir los efectos de tu bondad por intercesión de tu siervo Francisco. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
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MENSAJE DE SAN FRANCISCO DE ASÍS
Benedicto XVI, Ángelus, Asís 17-VI-07
Queridos hermanos y hermanas:
Hace ocho siglos, la ciudad de Asís difícilmente habría podido imaginar el papel que la Providencia le asignaba, un papel que hoy la convierte en una ciudad tan famosa en el mundo, un verdadero «lugar del alma». Le dio este carácter el acontecimiento que tuvo lugar aquí y que le imprimió un signo indeleble. Me refiero a la conversión del joven Francisco, que después de veinticinco años de vida mediocre y soñadora, centrada en la búsqueda de alegrías y éxitos mundanos, se abrió a la gracia, volvió a entrar en sí mismo y gradualmente reconoció en Cristo el ideal de su vida. Mi peregrinación de hoy a Asís quiere recordar aquel acontecimiento, para revivir su significado y su alcance.
Me he detenido con particular emoción en la iglesita de San Damián, en la que san Francisco escuchó del Crucifijo estas palabras programáticas: «Ve, Francisco, y repara mi casa» (2 Cel 10). Era una misión que comenzaba con la plena conversión de su corazón, para transformarse después en levadura evangélica distribuida a manos llenas en la Iglesia y en la sociedad.
En Rivotorto he visto el lugar donde, según la tradición, estaban relegados aquellos leprosos a quienes el santo se acercó con misericordia, iniciando así su vida de penitente, y también el santuario donde se evoca la pobre morada de san Francisco y de sus primeros hermanos. He pasado por la basílica de Santa Clara, la «plantita» de san Francisco, y esta tarde, después de la visita a la catedral de Asís, iré a la Porciúncula, desde donde san Francisco guió, a la sombra de María, los pasos de su fraternidad en expansión, y donde exhaló su último suspiro. Allí me encontraré con los jóvenes, para que el joven Francisco, convertido a Cristo, hable a su corazón.
En este momento, desde la basílica de San Francisco, donde descansan sus restos mortales, deseo hacer mías sobre todo sus palabras de alabanza: «Altísimo, Omnipotente, buen Señor, tuyas son la alabanza, la gloria y el honor y toda bendición» (Cánt 1). San Francisco de Asís es un gran educador de nuestra fe y de nuestra alabanza. Al enamorarse de Jesucristo, encontró el rostro de Dios-Amor, y se convirtió en su cantor apasionado, como verdadero «juglar de Dios». A la luz de las bienaventuranzas evangélicas se comprende la bondad con que supo vivir las relaciones con los demás, presentándose a todos con humildad y haciéndose testigo y constructor de paz.
Considero mi deber dirigir desde aquí un apremiante y urgente llamamiento para que cesen todos los conflictos armados que ensangrientan la tierra, para que callen las armas y por doquier el odio ceda al amor, la ofensa al perdón y la discordia a la unión. Sentimos espiritualmente presentes aquí a todos los que lloran, sufren y mueren a causa de la guerra y de sus trágicas consecuencias, en cualquier parte del mundo.
San Francisco, hombre de paz, nos obtenga del Señor que sean cada vez más los que aceptan convertirse en «instrumentos de su paz», a través de miles de pequeños gestos de la vida diaria; que a cuantos desempeñan papeles de responsabilidad los impulsen un amor apasionado por la paz y una voluntad inquebrantable de alcanzarla, eligiendo medios adecuados para obtenerla.
La Virgen santísima, a quien el Poverello amó con ternura y cantó con palabras inspiradas, nos ayude a descubrir el secreto de la paz en el milagro de amor que se realizó en su seno con la encarnación del Hijo de Dios.
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DEL TESTAMENTO
DE SAN FRANCISCO DE ASÍS
El Señor me dio de esta manera a mí, hermano Francisco, el comenzar a hacer penitencia: porque, como estaba en pecados, me parecía extremadamente amargo ver a los leprosos. Y el Señor mismo me condujo entre ellos, y practiqué la misericordia con ellos. Y al apartarme de los mismos, aquello que me parecía amargo, se me convirtió en dulzura del alma y del cuerpo; y después me detuve un poco, y salí del siglo.
Y el Señor me dio una tal fe en las iglesias, que así sencillamente oraba y decía: «Te adoramos, Señor Jesucristo, también en todas tus iglesias que hay en el mundo entero, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo». Después, el Señor me dio y me da tanta fe en los sacerdotes que viven según la forma de la santa Iglesia Romana, por el orden de los mismos, que, si me persiguieran, quiero recurrir a ellos. Y si tuviera tanta sabiduría cuanta Salomón tuvo, y hallara a los pobrecillos sacerdotes de este siglo en las parroquias en que moran, no quiero predicar más allá de su voluntad. Y a éstos y a todos los otros quiero temer, amar y honrar como a mis señores. Y no quiero en ellos considerar pecado, porque discierno en ellos al Hijo de Dios, y son señores míos. Y lo hago por esto, porque nada veo corporalmente en este siglo del mismo altísimo Hijo de Dios, sino su santísimo cuerpo y su santísima sangre, que ellos reciben y ellos solos administran a los otros. Y quiero que estos santísimos misterios sean sobre todas las cosas honrados, venerados y colocados en lugares preciosos.
Y después que el Señor me dio hermanos, nadie me ensañaba qué debería hacer, sino que el Altísimo mismo me reveló que debería vivir según la forma del santo Evangelio. Y yo hice que se escribiera en pocas palabras y sencillamente, y el señor Papa me lo confirmó. Y aquellos que venían a tomar esta vida, daban a los pobres todo lo que podían tener; y estaban contentos con una túnica, forrada por dentro y por fuera, el cordón y los paños menores. Y no queríamos tener más. Los clérigos decíamos el oficio como los otros clérigos; los laicos decían los Padrenuestros; y muy gustosamente permanecíamos en las iglesias. Y éramos iletrados y súbditos de todos. Y yo trabajaba con mis manos, y quiero trabajar; y quiero firmemente que todos los otros hermanos trabajen en trabajo que conviene al decoro. Los que no saben, que aprendan, no por la codicia de recibir el precio del trabajo, sino por el ejemplo y para rechazar la ociosidad. Y cuando no se nos dé el precio del trabajo, recurramos a la mesa del Señor, pidiendo limosna de puerta en puerta. El Señor me reveló que dijésemos el saludo: «El Señor te dé la paz». Guárdense los hermanos de recibir en absoluto iglesias, moradas pobrecillas y todo lo que para ellos se construya, si no fueran como conviene a la santa pobreza que hemos prometido en la Regla, hospedándose allí siempre como forasteros y peregrinos.
Y firmemente quiero obedecer al ministro general de esta fraternidad y al guardián que le plazca darme. Y del tal modo quiero estar cautivo en sus manos, que no pueda ir o hacer más allá de la obediencia y de su voluntad, porque es mi señor. Y aunque sea simple y esté enfermo, quiero, sin embargo, tener siempre un clérigo que me rece el oficio como se contiene en la Regla. Y todos los otros hermanos estén obligados a obedecer de este modo a sus guardianes y a rezar el oficio según la Regla.
Todo el que guarde estas cosas, en el cielo sea colmado de la bendición del altísimo Padre y en la tierra sea colmado de la bendición de su amado Hijo con el santísimo Espíritu Paráclito y con todas las virtudes de los cielos y con todos los santos. Y yo, hermano Francisco, pequeñuelo, vuestro siervo, os confirmo, todo cuanto puedo, por dentro y por fuera, esta santísima bendición.
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EL SEGUIMIENTO DE CRISTO HASTA LA CRUZ,
SEGÚN SAN FRANCISCO DE ASÍS

por Jean de Schampheleer, o. f. m.
III. La marcha en seguimiento de Cristo paciente
Habría que repetir aquí toda la vida de Francisco. Detengámonos en dos aspectos particularmente significativos para nuestro propósito: el deseo del martirio y la enfermedad.
La idea del martirio obsesionó el espíritu de Francisco desde su conversión. Soñaba con ser un caballero que está siempre dispuesto a dar su vida por una causa justa (Iglesia, Papa, viudas y huérfanos, pobres), y, por tanto, el nuevo caballero estaba dispuesto a dar su vida y a derramar su sangre por la causa del Gran Rey. Tanto antes como después de su conversión, Francisco se adhirió al espíritu de la cruzada.
Por eso, el joven convertido deseó pronto ir entre Sarracenos, no con la espada en la mano, sino con el arma de Cristo: la Cruz. En otoño de 1211 ó 1212, se embarca hacia el Oriente, donde Juan de Brienne acaba de subir al trono de Jerusalén; pero la tempestad lanza su barco sobre las costas de Dalmacia y él se ve forzado a regresar a Italia. Un poco más tarde, animado por el mismo deseo del martirio, probablemente en 1213 ó 1214, parte hacia Marruecos, pero la enfermedad lo detiene en España. Sólo en junio de 1219 conseguirá llegar a Oriente, donde, sin embargo, no encontró la muerte gloriosa que él esperaba.
Estos hechos, así como un pasaje de la primera Regla (1 R 16,10s), indican que Francisco consideraba el martirio como algo que caía de su peso: él habla de la conducta que hay que observar en las persecuciones y ante el martirio. Por eso, al enterarse de la matanza de cinco de sus hermanos en Marruecos, manifiesta una gran alegría. Santa Clara misma, según las declaraciones hechas en su proceso de canonización, abrigaba en su corazón un deseo semejante y, hacia 1220, la reclusa de San Damián manifestó su intención de marchar también a Marruecos para imitar a los hermanos menores.
Para Clara, al igual que para Francisco, el camino que conduce al Padre pasa por la Cruz de Cristo. Jesús nos enseñó el camino que hay que seguir; el hombre no tiene otra cosa que hacer sino seguir las huellas de Cristo bajo la inspiración del Espíritu. Y el Espíritu tiene con frecuencia designios diferentes de los de los hombres; Francisco tenía que conocer otra forma de martirio: la enfermedad.
Si al principio de su vida religiosa Francisco descubrió a Cristo en los leprosos y en los pobres, más tarde lo descubrió en los enfermos, sobre todo, al parecer, después de su regreso de Oriente.
También aquí la experiencia es maestra de la vida. La Leyenda de Perusa (LP 106) nos dice que Francisco fue siempre de salud delicada, pero que reaccionaba contra sus males y así podía continuar sus actividades. A su regreso de Oriente, Francisco experimenta una situación nueva: su organismo está muy deteriorado; sufre más del estómago, del hígado y del bazo, y había contraído, por añadidura, una grave enfermedad de los ojos (LP 77). Desde entonces se siente dominado por la enfermedad como el mártir está dominado por sus verdugos.
Un día en que Francisco se sentía particularmente abrumado por la enfermedad, un compañero le preguntó si no habría preferido el martirio a esa larga enfermedad. Y Francisco le respondió: «Sufrir tan sólo tres días esta enfermedad me resulta mucho más duro que cualquier martirio». Pero había dicho inmediatamente antes estas frases significativas: «Hijo mío, para mí lo más querido, lo más dulce, lo más grato, ha sido siempre, y ahora lo es, que se haga en mí y de mí lo que sea más del agrado de Dios. Sólo deseo estar en todo de acuerdo con su voluntad y obedecer a ella» (1 Cel 107).
En estas palabras se encuentra el mismo sentido de la oración de Cristo a su Padre en el Oficio de la Pasión: «Fuiste tú quien me sacó del vientre, mi esperanza desde el pecho de mi madre; desde el seno materno fui lanzado a ti. Desde el seno materno tú eres mi Dios... Tú eres mi Padre santísimo, Rey mío y Dios mío» (OfP 2,4-5.11). «Mi corazón está firme, Dios mío, mi corazón está firme; cantaré y salmodiaré... Porque hasta los cielos se agranda tu misericordia» (OfP 3,8.11). Y en la Carta a los fieles: «Puso su voluntad en la voluntad del Padre, diciendo: Padre, hágase tu voluntad; no se haga como yo quiero, sino como quieres tú» (2CtaF 10).
Desde entonces la enfermedad tomó un significado nuevo para Francisco, y éste manifestó un respeto muy grande a los enfermos. A un hermano que consideraba a un hombre como falso pobre y falso enfermo, Francisco le explicó: «Hermano, cuando ves a un pobre, ves un espejo del Señor y de su madre pobre. Y mira igualmente en los enfermos las enfermedades que él tomó sobre sí por nosotros» (2 Cel 85). La enfermedad queda manifiestamente asemejada a la Pasión de Cristo.
En otra parte, Francisco asemeja claramente la enfermedad al martirio. Un día enseñaba que el cuerpo debe tener lo que necesita; pero, si por causa de la pobreza o por mala voluntad de los superiores, el enfermo no tiene todo lo necesario, hay que soportar esto con paciencia, decía él, y «esta necesidad, sobrellevada con paciencia, le será imputada por el Señor como martirio» (2 Cel 129; EP 97).
El tema de la paciencia -palabra que viene del latín pati: soportar, sufrir- se repite con frecuencia en la boca y en los Escritos de Francisco, unido a menudo al de la humildad. Hay que «tener humildad y paciencia en la persecución y en la enfermedad» (2 R 10,9). Una vez más el martirio y la enfermedad se encuentran aquí unidos y son considerados como equivalentes.
En la Admonición 6, Francisco considera que las persecuciones y las enfermedades son otras tantas pruebas que permiten marchar tras el Buen Pastor que sufrió la Pasión y la Cruz para salvar a sus ovejas. Por eso, el hermano enfermo debe dar gracias al Creador por lo que le sucede, pues el sufrimiento es el camino que conduce a la vida eterna: aceptar la enfermedad es aceptar la voluntad de Dios (1 R 10,3) y, por tanto, seguir a Cristo que, por su Cruz, conduce al Padre.
El martirio de la enfermedad encuentra su consumación en la estigmatización. Celano, cuando describe el cuerpo de Francisco muerto, con los estigmas a la vista de todos, habla de las «señales de su martirio» (1 Cel 113). Lo vio certeramente. Como ya hemos dicho, es la culminación de su marcha en seguimiento de Cristo, culminación dolorosa, puesto que el simple tacto del costado le hacía sufrir cruelmente (1 Cel 95; 2 Cel 138).
Pero es también la purificación e iluminación de su alma ardiente. Para Francisco es la realización o, mejor, la consumación del itinerario que él mismo indicaba en la oración con que termina la Carta a toda la Orden: «Concédenos hacer lo que sabemos que quieres y querer siempre lo que te agrada, a fin de que, interiormente purgados, iluminados interiormente y encendidos por el fuego del Espíritu Santo, podamos seguir las huellas de tu amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo, y llegar, por sola tu gracia, a ti, Altísimo» (CtaO 51-52).
El Espíritu es quien nos enseña cómo hay que seguir a Cristo, y Cristo nos conduce derecho al Altísimo. Francisco siguió este camino, bajo la inspiración del Espíritu, y se puede decir que la estigmatización es, en cierto modo, la aprobación de su vida penitente. Durante los dos últimos años que aún debía vivir en la tierra, Francisco estaba seguro de haber «acertado» su vida, de haber obrado según la inspiración del Señor.
IV. Conclusión
Llegamos aquí al centro de la espiritualidad de Francisco. Él descubrió y contempló a Cristo, Hijo del Padre, que da su vida por sus ovejas por amor del Padre. Este descubrimiento y esta contemplación impulsaron a Francisco a vivir como Cristo, a vivir la vida de Cristo, no la de los Apóstoles (como querían los Norbertinos, por ejemplo), sino la de Cristo mismo, hasta la Cruz.
Para él, «vivir según el Evangelio» no consiste sólo en practicar las prescripciones apostólicas: ir descalzos, no tener más que una túnica, no llevar bolsa, anunciar la Buena Nueva, ofrecer la mejilla a quien nos abofetea... Es todo eso, ciertamente, pero lo prioritario no es la vida apostólica, no es ni siquiera la vida común o fraterna, es vivir bajo la dependencia del Espíritu que nos hace seguir las huellas de Cristo y nos conduce allá donde no queremos (Jn 21,18), es decir, hasta la Cruz: «Ofreced vuestros cuerpos y cargad con su santa cruz» (OfP 7,8).
Ahora podemos decir que el episodio de San Damián fue realmente el punto de partida, no de la devoción de Francisco a la Pasión de Cristo, sino de la sumisión de Francisco a la voluntad de su nuevo «Dueño y Señor», el comienzo del «servicio» de Francisco para con su Rey. En este momento fue cuando él comenzó a llevar la Cruz de Cristo. Desde entonces, como se ve en todos sus Escritos y en numerosas palabras suyas recogidas por los biógrafos e incluso en el Cántico de las criaturas, se trata siempre de hacer la voluntad de Dios. Pero esto es mucho más que cumplir unos mandamientos, es un compromiso total, de todo el ser, en el combate de Cristo que reina por la Cruz.
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TEXTOS DE LA MISA
DE SAN FRANCISCO DE ASÍS
Antífona de entrada
Alegrémonos todos en el Señor al celebrar este día de fiesta en honor de nuestro santo Padre Francisco; los ángeles se alegran de esta solemnidad y alaban a una al Hijo de Dios.
Oración colecta
Dios todopoderoso,
que otorgaste a nuestro Padre san Francisco
la gracia de asemejarse a Cristo por la humildad y la pobreza;
concédenos caminar tras sus huellas,
para que podamos seguir a tu Hijo
y entregarnos a ti con amor jubiloso.
Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Francisco, como sol refulgente sobre el templo real
Lectura del libro del Eclesiástico 50,1-3. 7.
Este es aquel que en su tiempo se reparó el templo,
en sus días se afianzó el santuario.
En su tiempo cavaron la cisterna
y un pozo de agua abundante.
Protegió a su pueblo del saqueo
y fortificó a la ciudad para el asedio.
Qué majestuoso cuando salía de la tienda
asomando detrás de las cortinas;
como estrella luciente entre nubes,
como luna llena en día de fiesta,
como sol refulgente sobre el templo real,
así brilló él en el templo de Dios.
Salmo responsorial Cfr. Sal. 15,1-2a. 5. 7-8. 11.
V/. El Señor es el lote de mi heredad.
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien».
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa.
Bendeciré al Señor que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.
Me enseñarás el sendero de la vida;
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.
SEGUNDA LECTURA
En la cruz el mundo está crucificado para mí
y yo para el mundo
Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas 6, 14-18.
Hermanos: Dios me libre de gloriarme
si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo,
en la cual el mundo está crucificado para mí,
y yo para el mundo.
Pues lo que cuenta no es circuncisión o incircuncisión,
sino criatura nueva.
La paz y la misericordia de Dios
vengan sobre todos los que se ajustan a esta norma;
también sobre Israel.
En adelante, que nadie me venga con molestias,
porque yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús.
La gracia de nuestro Señor Jesucristo
está con vuestro espíritu, hermanos.
Amén.
SECUENCIA
Ya estás, Francisco, clavado
sobre la cruz redentora.
Triunfas del mundo y la carne
y es de Cristo tu victoria.
El ideal de tu vida
un mundo nuevo jalona,
y el árbol del evangelio
florece con nuevas rosas.
Una cuerda a tu cintura
ciñe tu pureza. Y brotan
las flores por donde pisas
con tus plantas milagrosas.
La pobreza fue tu dama,
la que era de Cristo esposa.
Viuda del primer marido,
de nuevo tú la desposas.
Y en arras cinco rubíes
tu cuerpo llagado adornan.
Cinco ventanas abiertas
por las que el alma se asoma.
La cruz fue el árbol de vida
que te cobijó a su sombra.
Bajo sus ramas abiertas
tus hijos trabajan y oran.
Padre bueno, Padre santo,
de esta familia que implora
tu espíritu, que da vida,
tus virtudes, que dan gloria.
A los que llevan tu nombre
dales proseguir tu obra.
La semilla aquí sembrada
dará en el cielo sus rosas.
Aleluya
Aleluya, aleluya.
Francisco, pobre y humilde,
entra rico en el cielo
y es honrado con himnos celestes.
Aleluya.
EVANGELIO
Has escondido estas cosas a los sabios
y las has revelado a la gente sencilla
Lectura del santo Evangelio según San Mateo 11, 25-30.
En aquel tiempo, Jesús exclamó:
- Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.
Oración de los fieles
En este gozoso día de fiesta en el que el Señor exaltó a su humilde siervo Francisco, presentemos con confianza nuestras súplicas y plegarias a Dios Padre todopoderoso que escucha las oraciones de los humildes.
- Por la santa Iglesia: para que se renueve sin cesar y, guiada paternalmente por nuestro Papa N. y nuestro Obispo N., anuncie fielmente el Evangelio a los hombres de hoy.
Roguemos al Señor.
- Por la familia franciscana: para que, siguiendo el ejemplo del Padre Francisco, sepamos ser humildes y sencillos testigos de Jesucristo, y llevemos al mundo de hoy el mensaje de paz y bien.
Roguemos al Señor.
- Por todos los pueblos del mundo: para que cesen la violencia, el odio y la guerra, y la paz y la fraternidad universal anunciadas por Francisco lleguen a todos los hombres.
Roguemos al Señor.
- Por los que sufren en el cuerpo o en el espíritu: para que encuentren el consuelo y el remedio a sus males y la paz del corazón.
Roguemos al Señor.
- Por los que estamos celebrando esta solemnidad: para que seamos humildes, sencillos y puros, amemos fraternalmente a todos los hombres y a todas las criaturas del universo y, a través de nosotros, siga presente en el mundo de hoy el espíritu de Francisco de Asís.
Roguemos al Señor.
Altísimo, omnipotente, buen Señor,
escucha la voz suplicante de tus hijos,
y, pues prestas oídos a los gritos de los humildes,
que podamos obtener de tu bondad
los beneficios que hemos pedido.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Oración sobre las ofrendas
Al presentarte, Señor, nuestras ofrendas,
te rogamos nos dispongas
para celebrar dignamente el misterio de la cruz,
al que se consagró nuestro Padre san Francisco
con el corazón abrasado en tu amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
PREFACIO
V/. El Señor esté con vosotros.
V/. Levantemos el corazón.
V/. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
En verdad es justo y necesario
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre Santo,
Dios Todopoderoso y eterno.
Porque has llamado
a la más alta perfección evangélica
a tu siervo Francisco
por el camino de la verdadera pobreza y humildad.
Encendido en el fuego de tu amor,
te bendijo en la contemplación
de las obras de tus manos
con cantos de júbilo y alegría.
Marcado con las llagas de Cristo,
nos mostraste en él
la imagen de Jesucristo crucificado, Señor nuestro.
Por él
los ángeles y los arcángeles
y todos los coros celestiales
celebran tu gloria unidos en común alegría.
Permítenos asociarnos a sus voces
cantando humildemente tu alabanza:
Santo, Santo, Santo...
Antífona de comunión 1 Pe 4,13
Estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis de gozo.
Oración después de la comunión
Por este sacramento que hemos recibido,
concédenos, Señor,
imitar a nuestro Padre san Francisco
en su caridad y en su celo apostólico,
para que gustemos los frutos de tu amor
y nos entreguemos a la salvación de nuestros hermanos.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Bendición solemne
El Señor os bendiga y os guarde.
Amén.
Haga brillar su rostro sobre vosotros y os conceda su favor.
Amén.
Vuelva su mirada a vosotros y os conceda la paz.
Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros.
Amén.
LITURGIA DE LAS HORAS
DE SAN FRANCISCO DE ASÍS
Nació en Asís en 1182. Convertido a Cristo tras una juventud mundana, renunció a los bienes paternos y se consagró por entero a Dios. Abrazó la pobreza y llevó una vida evangélica, predicando a todos el amor de Dios. A sus seguidores los formó con ejemplares normas de vida, aprobadas por la Sede Apostólica. Fundó también la Orden de Clarisas y la Tercera Orden seglar. Predicó la fe entre los infieles. Murió la tarde del 3 de octubre de 1226.
I VÍSPERAS
Himno
Cae la tarde lentamente
mientras las sombras se alargan.
Francisco sabe que llega
la muerte, su dulce hermana.
Mantiene enhiesto el espíritu
aunque la carne está flaca.
Sus miembros se tornan fríos
mientras el alma se abrasa.
Todos sus hijos, en torno,
le dicen su amor con lágrimas,
y queda el rebaño triste
porque su pastor se marcha.
Francisco, que mira al cielo,
flácida y suave levanta
una mano que bendice
dispensadora de gracias.
Que el error y la lujuria
no mancillen vuestra casa.
Sola la virtud anide
en los cuerpos y en las almas.
Y luego voló su espíritu
como una paloma blanca
que en el cielo ha puesto el nido
colgando en divina rama.
Al Padre, al Hijo, al Espíritu
ascienda nuestra alabanza.
Gloria y honor al Dios Trino
por los siglos que no acaban. Amén.
Salmodia
Ant. 1. Francisco, varón católico y del todo apostólico, enviado con la buena noticia de la paz.
Salmo 111
Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita.
En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.
Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo.
No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor,
hasta que vea derrotados a sus enemigos.
Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad.
El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará los dientes hasta consumirse.
La ambición del malvado fracasará.
Ant. Francisco, varón católico y del todo apostólico, enviado con la buena noticia de la paz.
Ant. 2. En sus días sostuvo la casa de Dios y reparó el templo.
Salmo 147
Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como ceniza;
hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las aguas;
envía una orden, y se derriten;
sopla su aliento, y corren.
Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos.
Ant. En sus días sostuvo la casa de Dios y reparó el templo.
Ant. 3. Sácame de la prisión: me rodearán los justos cuando me devuelvas tu favor.
Salmo 141
A voz en grito clamo al Señor,
a voz en grito suplico al Señor;
desahogo ante él mis afanes,
expongo ante él mi angustia,
mientras me va faltando el aliento.
Pero tú conoces mis senderos,
y que en el camino por donde avanzo
me han escondido una trampa.
Mira a la derecha, fíjate:
nadie me hace caso;
no tengo a dónde huir,
nadie mira por mi vida.
A ti grito, Señor;
te digo: «Tú eres mi refugio
y mi lote en el país de la vida».
Atiende a mis clamores,
que estoy agotado;
líbrame de mis perseguidores,
que son más fuertes que yo.
Sácame de la prisión,
y daré gracias a tu nombre:
me rodearán los justos
cuando me devuelvas tu favor.
Ant. Sácame de la prisión: me rodearán los justos cuando me devuelvas tu favor.
Lectura breve Rm 8, 10-11
Si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justificación obtenida. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros
Responsorio breve
R/. Francisco pobre y humilde * Penetra rico en el cielo. Francisco.
V/. Lo aclaman con himnos celestes. * Penetra. Gloria al Padre. Francisco.
Magníficat, Ant. Francisco, del todo sumiso al Creador, tuvo sumisas a las criaturas: se servía de ellas para gloria de Dios.
Cántico de la Virgen María
Alegría del alma en el Señor
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre.
Preces
Invoquemos, hermanos, a Dios Padre, fuente de toda santidad que, por la intercesión y ejemplo de nuestro Padre san Francisco, nos guía por el camino de la santidad, y digámosle:
Escúchanos, Señor.
Padre Santo, que hiciste a tu siervo Francisco imitador perfecto de tu Hijo,
-haz que nosotros, siguiendo sus huellas, observemos fielmente el Evangelio de Cristo.
Padre de bondad, guía nuestros pasos por el camino de la paz, siguiendo el ejemplo de nuestro Padre san Francisco,
-para que, con sincero corazón, vivamos en obediencia, sin propio y en castidad.
Padre altísimo y omnipotente, que dispersas a los soberbios de corazón y enalteces a los humildes,
-concédenos imitar a nuestro seráfico Padre en la virtud de la humildad.
Padre de amor y de misericordia, que marcaste con las señales de la pasión de tu Hijo a tu siervo Francisco,
-concédenos gloriarnos siempre de la cruz de Cristo.
Padre indulgente, que por las súplicas de nuestro Padre
san Francisco otorgaste el perdón a los pecadores,
-muestra tu rostro a nuestros hermanos difuntos.
Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso, que otorgaste a nuestro Padre san Francisco la gracia de asemejarse a Cristo por la humildad y la pobreza, concédenos caminar tras sus huellas, para que podamos seguir a tu Hijo y entregarnos a ti con amor jubiloso. Por nuestro Señor Jesucristo.
INVITATORIO
Ant.Venid, adoremos a Cristo Rey, que enaltece a los humildes.
OFICIO DE LECTURA
Himno
Luce el cielo su manto de estrellas
en la noche callada y serena;
cuando todos descansan y duermen,
fray Francisco absorto está en vela.
Y sus ojos, al cielo elevados,
son plegaria de amor y de entrega,
y su voz, un susurro de rezos,
convertidos en dulces poemas.
«¡Quién sois Vos, Señor mío y Dios mío!
¡Quién soy yo, vil gusano en la tierra!...»
Y así pasan las horas volando,
y Francisco, extático, sueña:
¡Es heraldo del Rey de la gloria,
y la Dama Pobreza es su dueña!
Ya no cuentan dolores ni gozos,
sufrimientos y dichas no cuentan.
Demos gloria al Dios increado,
Trino y Uno en personas y esencia,
Padre, Hijo y Espíritu Santo,
alabanzas y gloria eternas. Amén.
Salmodia
Ant. 1. Dios me hizo olvidar la casa paterna, me hizo crecer en la tierra de mi aflicción.
Salmo 1
Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche.
Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin.
No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
En el juicio los impíos no se levantarán,
ni los pecadores en la asamblea de los justos;
porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal.
Ant. Dios me hizo olvidar la casa paterna, me hizo crecer en la tierra de mi aflicción.
Ant. 2. Estimó mayor riqueza el oprobio de la cruz de Cristo, que los tesoros del mundo.
Salmo 8
Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la tierra!
Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.
De la boca de los niños de pecho
has sacado una alabanza contra tus enemigos,
para reprimir al adversario y al rebelde.
Cuando contemplo el cielo obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que has creado,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él,
el ser humano, para darle poder?
Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos,
todo lo sometiste bajo sus pies:
rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por el mar.
Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la tierra!
Ant. Estimó mayor riqueza el oprobio de la cruz de Cristo, que los tesoros del mundo.
Ant. 3. He muerto al mundo y mi vida está, con Cristo, escondida en Dios.
Salmo 15
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien».
Los dioses y señores de la tierra
no me satisfacen.
Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano:
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.
Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.
Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.
Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.
Ant. He muerto al mundo y mi vida está, con Cristo, escondida en Dios.
V/. Señor, has sellado a tu siervo Francisco.
R/. Con las señales de nuestra redención.
PRIMERA LECTURA
Del libro del Eclesiástico
Como sol refulgente sobre el templo real
En su tiempo se reparó el templo, en sus días se afianzó el santuario.
Él cuidó de su pueblo para evitar la ruina y fortificó la ciudad contra el asedio. ¡Qué glorioso era! Como el lucero del alba en medio de las nubes, como la luna llena, como el sol que brilla sobre el templo del Altísimo, como el arco iris que ilumina las nubes de gloria, como flor del rosal en primavera, como lirio junto a un manantial, como brote del Líbano en el verano, como fuego e incienso en el incensario, como vaso de oro macizo adornado de toda clase de piedras preciosas, como olivo floreciente de frutos, como ciprés que se eleva hasta las nubes. Cuando se ponía la vestidura de gala y se vestía sus elegantes ornamentos.
En torno a él la corona de sus hermanos, como brotes de cedro del Líbano, lo rodeaban como tallos de palmera. Entonces bajaba y elevaba sus manos sobre toda la asamblea de los hijos de Israel, para dar con sus labios la bendición del Señor y tener el honor de pronunciar su nombre.
Y ahora bendecid al Dios del universo, el que por todas partes hace grandes cosas, el que exaltó nuestros días desde el seno materno, y que nos trata según su misericordia. Que nos dé contento de corazón, y que haya paz en nuestros días. Sabia doctrina y sentencias ajustadas ha grabado en este libro, vertió de su corazón sabiduría a raudales.
Feliz quien repase esto a menudo; el que lo ponga en su corazón se hará sabio. Y si lo practica, para todo será fuerte, porque la huella que sigue es la luz del Señor.
Responsorio
R/. Mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, * Sino en la manifestación y el poder del Espíritu.
V/. Pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado. * Sino.
SEGUNDA LECTURA
De la carta de san Francisco de Asís a todos los fieles
Puesto que soy siervo de todos, a todos estoy obligado a servir
Puesto que soy siervo de todos, a todos estoy obligado a servir y a suministrar las odoríferas palabras de mi Señor; y quiero comunicarles las palabras de nuestro Señor Jesucristo, que es el Verbo del Padre, y las palabras del Espíritu Santo, que son espíritu y vida.
Siendo este Verbo del Padre sobre manera rico, quiso, junto con la bienaventurada Virgen, su Madre, escoger en el mundo la pobreza. Y puso su voluntad en la voluntad del Padre, diciendo: Padre, hágase tu voluntad; no se haga como yo quiero, sino como quieres tú.
Y la voluntad de su Padre fue que su bendito y glorioso Hijo, a quien nos dio para nosotros, y que nació por nuestro bien, se ofreciese a sí mismo como sacrificio y hostia, por medio de su propia sangre, en el altar de la cruz; no para sí mismo, por quien todo fue hecho, sino por nuestros pecados, dejándonos ejemplo para que sigamos sus huellas.
Y quiere que todos seamos salvos por él y que lo recibamos con un corazón puro y con nuestro cuerpo casto. ¡Oh, cuán dichosos y benditos son los que aman a Dios y obran como dice el Señor mismo en el Evangelio: Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón y con toda la mente, y a tu prójimo como a ti mismo!
Amemos, pues, a Dios y adorémoslo con puro corazón y mente pura, porque esto es lo que sobre todo desea cuando dice: Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad. Porque todos los que lo adoran, es preciso que lo adoren en espíritu de verdad. Y dirijámosle alabanzas y oraciones día y noche, diciendo: Padre nuestro, que estás en los cielos, porque es preciso oremos siempre y no desfallezcamos.
Y de manera especial los religiosos, que renunciaron al siglo, están obligados a hacer más y mayores cosas, pero sin omitir éstas. No debemos ser sabios y prudentes según la carne, sino, más bien, sencillos, humildes y puros.
Yo, hermano Francisco, vuestro menor siervo, os ruego y suplico, en la caridad, que es Dios, y con el deseo de besaros los pies, que os sintáis obligados a acoger, poner por obra y guardar con humildad y amor estas palabras y las demás de nuestro Señor Jesucristo. Y a todos aquellos y aquellas que las acojan benignamente, las entiendan y las envíen a otros para ejemplo, si perseveran en ellas hasta el fin, bendíganles el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Amén.
Responsorio
R/. Escuchad mis palabras y haced lo que os mando, * Y encontraréis vuestro descanso.
V/. Seguid mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo. * Y encontraréis.
Himno Te Deum.
Oración
Dios todopoderoso, que otorgaste a nuestro Padre san Francisco la gracia de asemejarse a Cristo por la humildad y la pobreza, concédenos caminar tras sus huellas, para que podamos seguir a tu Hijo y entregarnos a ti con amor jubiloso. Por nuestro Señor Jesucristo.
LAUDES
Himno
Hoy a Francisco celebra
el mundo con alegría.
Hoy una nueva armonía
resuena en la creación.
Que en la mañana temprana
Francisco a todos invita,
para venir a la cita
y bendecir al Señor.
La luz que nace hoy de nuevo,
el aire que se ilumina;
el hombre que ya camina
a su trabajo y su afán.
El ave que mañanera
canta con gozo profundo...
Todo es hoy gozo en el mundo
por el Hermano Mayor.
Dad gloria a Dios, Uno y Trino,
que todo nos da en Jesús.
Gloria al que ofrece en la cruz
camino, vida y verdad.
Cantad su gloria por siempre,
y, su alabanza cantando,
pregone que estáis amando
al Dios de toda bondad. Amén.
Salmodia
Ant. 1. Apareció perfecto y justo, y al tiempo de la destrucción él fue el renovador.
Salmo 62
El alma sedienta de Dios
Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.
¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.
Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.
En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.
Ant. 1. Apareció perfecto y justo, y al tiempo de la destrucción él fue el renovador.
Ant. 2. Loaba de continuo al Señor: a las estrellas, al viento, a las aves, a todas las criaturas, invitaba a alabar al Creador.
Cántico de los tres jóvenes
Toda la creación alabe al Señor
Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.
Angeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.
Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.
Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al Señor.
Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al Señor.
Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.
Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.
Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.
Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.
Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.
Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.
Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.
Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.
Fieras y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.
Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.
Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.
Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.
Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.
Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.
Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.
Ant. 2. Loaba de continuo al Señor: a las estrellas, al viento, a las aves, a todas las criaturas, invitaba a alabar al Creador.
Ant. 3. El Señor levantó al humilde, lo exaltó hasta los límites del orbe.
Salmo 149
Alegría de los santos
Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.
Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.
Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:
para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.
Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.
Ant. 3. El Señor levantó al humilde, lo exaltó hasta los límites del orbe.
Lectura breve Ga 1,15-16.24
Aquel que me escogió desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia se dignó revelar a su Hijo en mí, para que yo lo anunciara a los gentiles. Y alababan a Dios por causa mía.
Responsorio breve
R/. Mi corazón y mi carne * Retozan por el Dios vivo. Mi corazón.
V/. Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor. * Retozan. Gloria al Padre. Mi corazón.
Benedictus, Ant. Se mantuvo alegre al compartir los padecimientos de Cristo y, ahora que se ha manifestado su gloria, rebosa de gozo.
Cántico de Zacarías
El Mesías y su Precursor
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Preces
Glorifiquemos a Cristo; que por su muerte y resurrección, edificó su Iglesia y nos ha llamado al seguimiento de Francisco, y supliquemos humildemente diciendo:
Consérvanos, Señor, en tu santo servicio.
Tú que viniste a evangelizar a los pobres, enséñanos a propagar tu reino de palabra y obra,
-y a instaurarlo con éxito entre los hombres.
Tú, que eres luz de los pueblos y maestro de santidad, haz que permanezcamos firmes en la fe verdadera,
- para que proclamemos tu nombre en todo el mundo.
Tú, que diste el mandamiento nuevo de que nos amáramos unos a otros,
-concédenos trabajar por el bien de todos los hombres.
Tú, Sabiduría del Padre, ilumina nuestras inteligencias,
-para que, fieles a la verdad, permanezcamos en el amor.
Tú, que trabajaste con tus propias manos, dirige nuestro trabajo,
-para que todos los que vean nuestras obras glorifiquen a Dios Padre.
Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso, que otorgaste a nuestro Padre san Francisco la gracia de asemejarse a Cristo por la humildad y la pobreza, concédenos caminar tras sus huellas, para que podamos seguir a tu Hijo y entregarnos a ti con amor jubiloso. Por nuestro Señor Jesucristo.
HORA INTERMEDIA
Salmodia complementaria.
Si cae en domingo, salmos del domingo de la semana I
.
Tercia
Ant. Me he puesto al servicio de todos, para ganar a los más posibles para Cristo nuestro Señor.
Lectura breve Flp 3,7-8
Todo lo que para mí era ganancia lo consideré pérdida comparado con Cristo; más aún, todo lo estimo pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo.
V/. Ninguna criatura pudo apartarme del amor de Dios.
R/.Manifestado en Cristo Jesús.
Sexta
Ant. Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Lectura breve Si 3,17-20
Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad, y te querrán más que al hombre generoso. Hazte pequeño en las grandezas humanas, y alcanzarás el favor de Dios; porque es grande la misericordia de Dios, y revela sus secretos a los humildes.
V/. Yo soy pobre y desgraciado.
R/. Pero el Señor se cuida de mí.
Nona
Ant. Cristo Jesús me ha otorgado el premio: el conocimiento de su persona y la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte.
Lectura breve Ga 2,19b-20
Estoy crucificado con Cristo: vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí. Y, mientras vivo en esta carne, vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí.
V/.Si nuestra existencia está unida a Cristo en una muerte como la suya.
R/. Lo estará también en una resurrección como la suya.
II VÍSPERAS
Himno
Ven, Francisco, a tus hermanos,
visita a los pobrecillos;
ven, traspasado de amor
por las heridas de Cristo;
como nueva primavera
después del invierno frío,
¡ven, Francisco!
Ven, que los hombres te vean
por el mundo peregrino:
liberado, sin alforja
y sin dinero en el cinto;
y anuncia la paz y el bien
con los labios florecidos,
¡ven, Francisco!
Ven con los brazos sin armas,
hermano suave y pacífico;
ven, menor de los menores,
de corazón compasivo;
profeta sin amargura,
ven con el ramo de olivo,
¡ven, Francisco!
Ven, penitente gozoso,
que lloras de regocijo;
heraldo loco de amor
y paz de los enemigos;
ven por los barrios y plazas,
juglar del perdón divino,
¡ven, Francisco!
Ven, ángel de buenas nuevas,
háblanos de Jesucristo;
ven, boca del Evangelio,
cristiano sabio y sencillo;
hermano tan deseado,
Francisco tan bien querido,
¡ven, Francisco!
Salmodia
Ant. 1. Nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste, crucificado.
Salmo 112
Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?
Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.
Ant. Nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste, crucificado.
Ant. 2.Muriendo su misma muerte, para conocerlo a él, y la fuerza de su resurrección.
Salmo 145
Alaba, alma mía, al Señor:
alabaré al Señor mientras viva,
tañeré para mi Dios mientras exista.
No confiéis en los príncipes,
seres de polvo que no pueden salvar;
exhalan el espíritu y vuelven al polvo,
ese día perecen sus planes.
Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,
el que espera en el Señor, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra,
el mar y cuanto hay en él;
que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos,
el Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.
El Señor guarda a los peregrinos,
sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad.
Ant. Muriendo su misma muerte, para conocerlo a él, y la fuerza de su resurrección.
Ant. 3. Será el Señor tu luz perpetua, y tu Dios será tu esplendor.
Cántico de Efesios
El Dios salvador
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante él por el amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.
Ant. Será el Señor tu luz perpetua, y tu Dios será tu esplendor.
Lectura breve Ga 14,17-18
Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo. Yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús. La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vuestro espíritu, hermanos. Amén.
Responsorio breve
R/. Tu victoria, Señor, * Ha engrandecido su fama. Tu victoria.
V/. Le concedes bendiciones incesantes. * Ha engrandecido. Gloria al Padre. Tu victoria.
Magníficat, Ant. El Señor se fija en el pobre y vagabundo para hacerle bien, y lo levanta del polvo, le hace levantar la cabeza: muchos se asombran al verlo y alaban a Dios.
Cántico de la Virgen María
Alegría del alma en el Señor
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
Preces
Invoquemos, hermanos, a Dios Padre, fuente de toda santidad que, por la intercesión y ejemplo de nuestro Padre san Francisco, nos guía por el camino de la santidad, y digámosle:
Escúchanos, Señor.
Padre Santo, que hiciste a tu siervo Francisco imitador perfecto de tu Hijo,
-haz que nosotros, siguiendo sus huellas, observemos fielmente el Evangelio de Cristo.
Padre de bondad, guía nuestros pasos por el camino de la paz, siguiendo el ejemplo de nuestro Padre san Francisco,
-para que, con sincero corazón, vivamos en obediencia, sin propio y en castidad.
Padre altísimo y omnipotente, que dispersas a los soberbios de corazón y enalteces a los humildes,
-concédenos imitar a nuestro seráfico Padre en la virtud de la humildad.
Padre de amor y de misericordia, que marcaste con las señales de la pasión de tu Hijo a tu siervo Francisco,
-concédenos gloriarnos siempre de la cruz de Cristo.
Padre indulgente, que por las súplicas de nuestro Padre san Francisco otorgaste el perdón a los pecadores,
-muestra tu rostro a nuestros hermanos difuntos.
Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso, que otorgaste a nuestro Padre san Francisco la gracia de asemejarse a Cristo por la humildad y la pobreza, concédenos caminar tras sus huellas, para que podamos seguir a tu Hijo y entregarnos a ti con amor jubiloso. Por nuestro Señor Jesucristo.
COMPLETAS
Himno
Cuando ya el sol se ha escondido,
y la luna y las estrellas
son con sus luces las huellas
de la presencia de Dios;
con el hermano Francisco
cantamos, Señor, tu gloria,
para cantar tu victoria
al nacer de nuevo el sol.
Que el sol a Cristo recuerda.
Y su pasión y su muerte
es la noche que te advierte:
«Resucitará el Señor».
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos. Amén.
* * *
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