viernes, 15 de julio de 2011

Peregrinación a Roma y lugares franciscanos





Peregrinación con los Franciscanos

Organizada por la Parroquia de San Francisco de Asís de Albacete a Roma y lugares franciscanos del 6 al 13 de julio e 2011.

Entorno a las dos de la madrugada del día 6 nos fuimos reuniendo en la calle Rosario para coger el autobús, así entre los murmullos que llenaban el silencio de la madrugada y alguna hermana despistada por la hora, iniciamos el viaje, llenos, pletóricos de ilusión, nada más subir al autobús y antes de partir se nos entrego un cuadernillo que nos acompañaría en todo el viaje, sobre todo en los lugares en torno a San Francisco.

En el aeropuerto de Barajas ya tomamos contacto unos con otros y, puntualmente salimos para Roma, donde nos espera Lali, la guía que nos acompaña en este viaje.

Nada más llegar comenzamos nuestro periplo por la ciudad, con los ojos abiertos, los sentidos alerta, abiertos a espacios nuevos y como una esponja que todo lo absorbe y dejándonos cautivar por ella, como peregrinos; Un peregrino es un viajero que visita algún lugar sagrado, casi siempre por motivos religiosos.

Roma es considerada una de las cunas de la Civilización Occidental y el centro espiritual del catolicismo. Su centro histórico, donde se entremezclan restos de casi tres milenios, ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y congrega cada año a millones de visitantes, atraídos por las ruinas de su antiguo esplendor y sus incalculables obras de arte.

El día que llegamos a Roma, Benedicto XVI, “El maestro de nuestra fe”, se marchó hacia Castelgandolfo, la residencia de verano, tal vez huyendo de Lorenzo que apretaba de lo lindo, y que nos puso “morenitos”, menos mal que encontrábamos alguna que otra fuente de agua en nuestro caminar por la ciudad, inmersos en la ciudad, veíamos la ciudad actual, imaginábamos su antiguo esplendor y sentíamos los ecos de la cristiandad.

Mediaba la tarde cuando alcanzó la profunda y áspera garganta que desemboca en el pueblecito de Caprignone, a medio camino entre Asís y Gubbio, de pronto, surgiendo nadie sabe de donde, cayó sobre él una banda de salteadores intimándole:

-¡Alto! ¡Esto es un asalto! ¡Identifícate!

Sin perder la alegría, el Hermano respondió:

-Muchachos, soy la trompeta del emperador que va anunciando su llegada.

Los salteadores, que siempre buscan suculento botín, cuando vieron estrafalariamente vestido, medio desnudo, pero sin atemorizarse, dijeron:

-¡Este está loco!

Y descargaron su decepción sobre sus espaldas, lo zarandearon y le quitaron el tabardo. Vieron un pozo profundo y lo arrojaron a el.

El Hermano en ningún momento perdió la paz, no perdió la sonrisa.

-Estos muchachos –pensó el Hermano- asaltan y roban porque les falta pan y cariño. También ellos habrán de ser favoritos de mi corazón. Primero los leprosos, luego los mendigos, después los salteadores; en una palabra, los marginados de esta sociedad.

-Pero te han quitado algo importante.

-Sí, se han llevado la Palabra.

Bastantes cristianos tienen en su casa un ejemplar de la Biblia, pero no son muchos los que la abren y la leen con cierta frecuencia. Quizás les falta costumbre y preparación. No hay mejor método para escuchar a Dios y dejarse trabajar por el Espíritu de Cristo que leer la Biblia y, sobre todo, los evangelios.

¿Habrá abierto nuestro ladrón el libro?

Sois los custodios de la belleza, tenéis, gracias a vuestro talento, la posibilidad de hablar al corazón de la humanidad, de tocar la sensibilidad individual y colectiva, de suscitar sueños y esperanzas, de ampliar los horizontes del conocimiento y del compromiso humano….

Así empieza el discurso de Benedicto XVI a los artistas en la Capilla Sixtina(21-12-2009).

Pues esta belleza, la belleza encontrada en Roma que pronto dejaríamos atrás, para encontrarnos con otra quizá más sublime, así en la tarde del 8 de julio ya tomamos contacto con el franciscanismo en el convento de San Pascual Bailón, donde descansaba Francisco cuando venia a Roma.

A partir de aquí fue el éxtasis, la apoteosis, ¡encontrarse en los lugares franciscanos! Y …Asís, ¡Oh maravilla de las maravillas!. Pero si hasta asistimos a un musical, Chiara di Dio, que a pesar de estar cansados y que alguno perdía la conciencia fue, es, maravilloso, sencillamente genial.

Como de genial podemos calificar las eucaristías celebradas por fr. Antonio Jiménez, asistido por el presbítero Fernando y por fr. Francisco –Paco-. Por ellos y por los lugares donde se celebraron.

De las lecturas del cuadernillo cada día fuimos sacando palabras, así el primer día fue oración, otro, fraternidad, otro, conversión, transformación, humildad… así con estas palabras fuimos haciendo nuestra TAU.

En el santuario de Rivotorto leímos:

-“Me muero! ¡Me muero!

Francisco preguntó: ¿Quién ha gritado me muero?

Aquel respondió, yo he sido

-¿Qué tienes hermano?; ¿De que te mueres?

-¡Me muero de hambre! Contestó.

Pues en este viaje muchos han demostrado tener hambre de Dios, tener hambre de Francisco de Asís.

Así llegamos a Madrid emocionados, con sentimientos encontrados, nuestros cuerpos estaban en Madrid, nuestra alma en Asís.

Sin duda te traes recuerdos, pero el mejor recuerdo te lo dieron nada más empezar el viaje, conserva ese cuadernillo y, de vez en cuando, léelo.

Paz y Bien