viernes, 20 de marzo de 2009

A Próposito de la Semana Santa



Entre nosotros ha prevalecido hasta la extenuación casi herética el Cristo de la Pasión, olvidando por un lado su mensaje doctrinal del Reino y por otro lado la innovación personal de la Resurrección. El cristianismo no ha nacido de un hombre que sufrió pena de muerte, fue escarnecido de forma injusta y murió crucificado. Miles de esclavos antes de él y después de él murieron de esta forma envilecedora. El cristianismo surge de la conjugación de tres elementos. El primero es la fe en la resurrección, que obliga a volver la mirada hacia atrás y al comprobar que Dios ha hecho justicia a Jesús, transfiriéndole a una vida nueva, dándole razón y declarándole Justo, ha descubierto que aquella muerte era mucho más que un asesinato: era la gesta del Mesías, del Hijo de Dios entregado en libertad y ofrendado en súplica al Padre, quien nos lo devolvió como signo de su perdón y bendición universal. Desde la muerte y la resurrección vistas conjuntamente se recoge y descubre el último sentido del mensaje del Reino, que él había anunciado como inminente. Dios llegaba victorioso sobre el mal a la historia humana y esa victoria se afirmaba (milagros) allí donde el mal y la negatividad tienen su imperio y palacio para morar: la enfermedad, el hambre, el pecado, la soledad, la desesperanza, la muerte.
El cristianismo es primordialmente un anuncio de resurrección no como huida del mundo, escape del dolor, anulación del deseo o de la conciencia, sino como resultado de una victoria sobre los poderes del mal y de la muerte. Jesús es proclamado pionero de la resurrección universal, no huyendo de la vida o despreciando la muerte sino pasando por ellas en toda seriedad.
Estos son los tres polos constituyentes del misterio de Cristo:
1. Mensaje doctrinal, ejemplaridad personal, revelación de Dios como Padre con los ideales y criterios del Reino.
2. Muerte con significación universal, como vida entregada y suplicante del Hijo que se pone en el lugar de los pecadores y anula destruyendo su pecado (expiación) a la vez que intercede como hermano mayor por los demás ante el Padre, que en él nos da perdón, amor, redención.
3. Resurrección que acredita al mensajero crucificado como el Justo, el Santo y el Hermano solidario que cual pionero de la caravana humana llega al país de la vida, suscitando una experiencia nueva (Espíritu Santo) y una comunidad nueva (Iglesia).
Donde falta uno de estos tres elementos tenemos un cristianismo depauperado o herético.
Olegario González de Cardenal. Profesor de Patrología y Espiritualidad

A Propósito de Semana Santa ·II·

Dijo una voz popular:
Quien me presta una escalera
para subir al madero
para quitarle los clavos
a Jesús el Nazareno

Oh, la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos
siempre con sangre en las manos,
Siempre por desenclavar.

Cantar del pueblo andaluz
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz.

Cantar de la tierra mía
que echa flores
al Jesús dela agonía
y es la fe de mis mayores.

Oh, no eres tú mi cantar
no puedo cantar ni quiero
a este Jesús del madero
sino al que anduvo en la mar
Antonio Machado
Música-Serrat

Que tu Cristo no sea el Jesús del madero, sino el que anduvo en la mar, no te quedes en el Viernes Santo, el Cristo de la Pasión; hay que pasar por el Viernes Santo para llegar al Domingo de Resurrección y, aquí está el principio y desde la Resurrección miramos para atrás y

todo esto lo tenemos presente aquí: